No negamos el trabajo, negamos el tiempo

La llegada de Enero trae consigo un periodo de distanciamiento de la rutina diaria que realizamos durante el año. Es la época en la que todos, de alguna u otra manera nos planteamos y replanteamos nuestras metas, objetivos, y nuestro futuro cercano. Pero de igual forma nos damos cuenta en muchas ocasiones qué tan alejados estamos de vivir para nosotros y de hacer lo que queremos.

El concepto de tiempo en la actualidad posee un carácter instrumental. El tiempo se ha equiparado con el dinero, y se gasta como tal. Tiempo y dinero se unieron a una ética del trabajo y se asimilaron mutuamente. Y a su vez, esta ética del trabajo se refiere a la acción y el esfuerzo que la gente realiza para ganarse la vida. El trabajo dentro de este sistema no posee una dimensión trascendental, y es así, como bajo estas lógicas, los que nos dedicamos a sectores en los que no prima la noción de aumentar la producción al máximo en el menor tiempo posible, en muchas ocasiones caemos dentro del saco de la ociosidad. Somos ociosos ¡qué le vamos a hacer!

Pero aquí hay un hecho singular. En la acepción estricta, el ocio es la negación del tiempo, no del trabajo. Negación experimentada como la abolición de la presión temporal al ejecutar cualquier actividad. Y por sobre todas las actividades, la creatividad, es la que más se ve incrementada cuando disminuye la presión que el tiempo ejerce sobre la vida. En una sociedad como la nuestra con un pensamiento occidental que no ha podido aniquilar o manejar estos conceptos de tiempo, vivir el ocio es un lujo, y la consecuencia inevitable es la necesidad de pensar más rápido, de resolver problemas y tomar decisiones más de prisa. ¿Nunca han sentido esa sensación de estar perdiendo el tiempo cuando están haciendo nada? La disposición frente al tiempo, es decir, la voluntad de pensar lentamente, posibilita estados cognitivos más amplios, pensamientos más abstractos, y consiguientemente, mayor flexibilidad.

Nosotros, hacedores, usamos la creatividad no sólo para el uso personal. La creatividad necesariamente se construye socialmente. Nuestros productos, servicios, haceres, articulan participación ciudadana, posibilitan alianzas entre diferentes actores sociales y ayudamos a que exista un equilibrio entre producción, comercio y preservación del ambiente. Realizamos trabajos transversales, interdisciplinares que aportan valores más allá de los meramente productivos. Elementos intangibles que cada vez cobran mayor importancia.

 

 

 

En estos meses que han pasado, hemos vivido intensamente los diferentes procesos de la red, desde la gran convocatoria que logró reunir a 180 postulantes, de los cuales quedaron 126. De los encuentros presenciales, que han sido inmensamente gratificantes y clarificadores. Los cuales nos han obligado a reformular muchos aspectos que teníamos contemplados de otra forma.

Y ese ejercicio no es un fracaso, ya que responde justamente a nuestros principios de entender los procesos reflexivos desde una tolerancia a la ambigüedad. De esa capacidad de aguantar la incertidumbre y el caos que resulta cuando no queda claro cómo llegarán a encajar las diferentes piezas para una solución. Vivimos los procesos de articulación de la red con muchas expectativas, en lo cual fue esencial el trabajo realizado por los mismos hacedores en las mesas de debate y retroalimentación.

Ahora viene el verano, pero nosotros seguimos pensando la red. Y lo mismo les pedimos desde el equipo de producción. Reflexionen, piensen cómo quieren ver el territorio que habitamos desde nuestros haceres, cómo podemos incidir en el territorio con acciones concretas. Cómo podemos hacer visible nuestras prácticas en el próximo encuentro de ciudades creativas que se realizará en Valparaíso este año. Sin prisa, pero sin calma, los invitamos a participar del muro de intercambio. Los invitamos a activar esta red. Los invitamos a innovar. Entendiendo innovar no necesariamente como inventar algo nuevo, sino como detectar necesidades y/o problemáticas. Como algo necesario, como una evolución en la manera de hacer las cosas.

Nos vemos en Marzo, momento en el cual comenzaremos a poner en marcha acciones concretas para visibilizarnos e incidir de manera conjunta en el territorio.

Construyamos entre todos la ciudad que queremos.

Por César Olivares Palma

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Octavio Martínez Betancur (2002) Ocio, tiempo libre y creatividad. Universidad Nacional de Colombia. Revista de la Facultad de Medicina 50(3): 154 – 161
  • Félix Manito (2006) Cultura y estrategia de ciudad. La centralidad del sector cultural en la agenda local. Buenos Aires. Centro Iberoamericano de Desarrollo estratégico Urbano
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