¿Qué es un hacedor?

Si lo puedes imaginar, lo puedes hacer”, ese es el eslogan o principio rector de los hacedores, o makers. Los hacedores son aquellas personas, que en lo individual o en grupo, buscan crear una nueva cultura y actitud contemporáneas basadas en la idea de la manufactura ‘házlo tú mismo’, enfatizando el uso de las habilidades de producción humana para usarlas de una manera creativa. Los hacedores trabajan con todas las escalas, su campo de acción va desde objetos hasta problemas urbanos.

A través de esta óptica es que el Laboratorio para la Ciudad entiende a la cultura de los hacedores desde el año 2014 cuando comenzó a enfocar gran parte de sus esfuerzos a entender la cultura del hacer, a conocer y promover el trabajo del Hacedor y a generar plataformas para potenciar este tipo de trabajo y estrategias. Estos esfuerzos de entendimiento y promoción culminaron en la implementación la primera Feria de Hacedores en Latinoamérica, y posteriormente, al lanzamiento de la Bitácora de Hacedores/Directorio Creativo. 

El pasado octubre tuve la oportunidad de ser parte del lanzamiento de la Red de Hacedores de Valparaíso, esfuerzo impulsado por el Núcleo de Creatividad de la Universidad de Playa Ancha (UPLA). Desde que conocí la iniciativa por parte de Francisca Keller (directora de Red de Hacedores), me pareció increíble ver la manera en que se gesta desde la academia un espacio que entiende el valor y potencial del talento ciudadano y construye una plataforma para que, lo que ya sucede en Valparaíso), adquiera una mayor dimensión. En particular, me resulta enriquecedor poder compartir la experiencia de manera paralela entre estas dos ciudades. La conformación de la Red de Hacedores es un ejemplo muy similar a los procesos que hemos desatado en la Ciudad de México y que nos habla claramente de la radiografía de las industrias creativas en la actualidad.

La necesidad de conectar aquellos individuos y colectivos que están generando nuevas iniciativas, desarrollando soluciones y manufacturando ideas, es más que sólo una buena intención; el reconocimiento de la existencia de este talento que se encuentra de manera orgánica en esferas cercanas a lo entendido como informal, permiten la creación de redes colaborativas que incitan el desarrollo económico, que aumentan la productividad y sobretodo sin buscarlo, generan contagio y atraen a otros sectores de la población a unirse al movimiento.

Vemos ejemplos del movimiento maker en lugares como EE.UU. y África, al analizarlos notamos que las aproximaciones al público son distintas y generan diferentes resultados, por lo que no existe un manual de procedimientos único para fomentar estos temas. Parte de las características de este movimiento es el aprendizaje sobre la marcha, así que una ventaja es que el camino aún no está trazado. Cada iniciativa responde al contexto inmediato en el que se inserta y la proyección de estos esfuerzos está dirigida en crear escenarios escalables y mejorables.

En el contexto de la Ciudad de México, el hacedor no es un agente nuevo en nuestra población, de hecho, la manufactura de soluciones a problemas cotidianos es parte de la cultura de los habitantes que vivimos en esta ciudad y que durante muchos años ha sido comprendido como el ya famoso término de “el ingenio del mexicano”. Una ciudad extensa en territorio, con 22 millones de habitantes y con una serie de servicios urbanos aún no resueltos, es reto suficiente para que aquellos que la habitamos y que buscamos constantemente una mejora en nuestra calidad de vida.

El mismo sentir lo pude palpar en Valparaíso, jóvenes en su mayoría buscando nuevas maneras de detectar oportunidades y de ofrecer soluciones. Un abanico muy amplio de habilidades que tienen la urgencia de poder materializar las ideas, experiencias puestas a prueba en la ciudad y muchas especulaciones de lo que puede ser. Este es sólo el inicio de un largo camino, donde la primera etapa ya está echada a andar, y que a mi parecer es la más significativa ya que tiene que ver con procesos de reconocimiento, como sociedad debemos de definir qué somos, cómo trabajamos y dirigir el rumbo hacia donde queremos crecer en colectivo. 

Por esto, la creación de la Red de Hacedores tiene un peso muy importante, poner allá afuera las caras de las personas que la conforman, saber cómo incluir a todos los actores que tendrán injerencia a lo largo del proceso y entender los beneficios a los que la mayoría de la población podrá gozar es un gran, pero excitante reto.

¡Enhorabuena Núcleo de Creatividad! Los mejores deseos desde este lado del continente.

Escrito por Clorinda Romo, miembro de la dirección de Proyectos Creativos del Laboratorio para la Ciudad de México.

Crédito de foto de Laboratorio para la Ciudad (México).

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